El Alavés avergüenza al fútbol vasco

Fue la de ayer una jornada de ignominia para el balompié de Euskal Herría. Final de la primera Euskal Herriko Txapelketa, la conclusión y celebración de una situación única como la coincidencia de cinco equipos vascos en Primera y que dificilmente se repetirá en mucho tiempo, tuvo como broche unas escenas que sonrojarían al deporte de más baja estofa. Juan Martinez de Irujo, el célebre pelotari encargado de poner la Txapela al campeón, abandonó el estadio de Lasesarre sin poder desempeñar su rol protocolario y estupefacto por lo que acababa de atestiguar.

tangana

El cenit del drama reside en el abandono del trencilla, Palencia Caballero y sus auxiliares, a dos minutos de la conclusión del encuentro. Incapaces ya de poner fin a la creciente hostilidad de los futbolistas, ellos mismos reconocen que tras la primera tarjeta roja la situación era insostenible.

El origen de tanto bochorno está en la expulsión de Alexis Ruano, que no solo espetó toda clase de improperios al colegiado, sino que además hizo un ademán de agresión física que fue una humillación para el colegiado.

Le sucedió la expulsión de Oscar Romero tras una escalofriante entrada a Saborit, que derivó en una sonrojante tangana ante la que el árbitro optó por directamente hacer caso omiso del acta y abandonar el estadio ante el asombro de propios y extraños.

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