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Valdano admira al Athletic

Valdano

El último número de la revista oficial del Athletic Club recoge una entrevista a un personaje que en la década de los noventa del pasado siglo fue un referente del fútbol. Jorge Valdano acudió a Bilbao con motivo de la X edición de Letras y Fútbol, un evento auspiciado por la Fundación Athletic. No supone sorpresa la presencia de una personalidad que siempre defendió que el fútbol no es incompatible con un trasfondo intelectual. Tampoco su enconada defensa del modelo del Athletic, como una maravillosa excepción en tiempos de mercantilización absoluta del balompié.

“Es verdad que el fútbol ha crecido mucho como industria, pero uno de los éxitos de la industria consiste en diferenciarse: quien no se diferencia no compite, y a mí me parece que el Athletic se diferencia de una de las maneras más nobles que puedan existir, resaltando lo propio. Yo he sido siempre muy admirador de esta filosofía, me he sentido siempre muy, muy atraído por esa fuerza tan particular que uno respira en San Mamés, donde siempre me ha dado la impresión de que el chico que está al lado mío en el estadio podía estar ahí jugando, y el que está tirando un córner podía estar sentado a mi lado”, declaró el jugador, cuyo vínculo con Euskadi se remonta a su llegada a España para jugar en el Alavés.

Valdano
Foto Google

“Eso es algo que no se da en ninguna otra parte. Y, además, cada día existen menos lugares de encuentro para sentirnos tribu, en una sociedad cada día más individualista. El fútbol es uno de esos lugares, sí, pero la tribu es más consistente en Bilbao que en cualquier otro lugar”, reconoce.

Defiende el argentino la estrecha relación entre el público autóctono y el equipo: “Esa fuerza local que tiene el Athletic requiere que el club establezca vínculos con la sociedad que trasciendan al fútbol, Al final, el fútbol no puede ser como ir a misa una vez por semana”.

Interpelado sobre el nacimiento de sus nietos en Bilbao, adopta un tono jocoso para referirse a la circunstancia  “¡Claro! Efectivamente, sí. Me he sentido siempre una especie de intruso en el País Vasco porque creo que llegué a ser el único extranjero que había en aquella época, pero, bueno, mi nieto no va a tener esa sensación incómoda de ser alguien que está disrumpiendo algo  (risas…)”